LA MEMORIA BASKONISTA DE MILLÁN CÁMARA

Celebración cancha 24

Foto: Saski Baskonia. Fabricio Oberto, Hugo Sconochini, Edu Herández y Sergi Vidal en el banquillo baskonista

Hola, soy Millán Cámara. Tengo 19 años y colaboro en Basketme y Tirando a Fallar hablando de baloncesto. Aquí va mi (extenso) recuerdo:

Soy de Logroño y siempre me ha apasionado el baloncesto. Supongo que esa pasión está relacionada con la vinculación de algunos de mis familiares con este deporte, bien como jugadores o bien como parte de la directiva del CB Clavijo, club que actualmente disputa la Adecco Oro y que mantiene excelentes relaciones con Vitoria. La Rioja está bastante cerca de la provincia de Álava, así que no es extraño que el Baskonia sea uno de los primeros palos que yo toqué cuando tomé contacto con el deporte de la canasta por primera vez.

Mi primer recuerdo referente al club data de un sábado de principios de 2001 o 2002 (no estoy seguro del año en cuestión, pero me decanto más por la primera fecha). El Real Madrid visitaba al por aquel entonces llamado TAU Cerámica, lo cual supuso una ocasión inmejorable para acudir a Vitoria junto a parte de mi familia. El partido era uno de los mejores que se podía ver en España por aquel entonces en materia baloncestística, así que merecía mucho la pena.


Yo tenía 9-10 años y había pasado una muy mala noche el viernes, con un dolor de oído infernal. Milagrosamente, la dolencia se esfumó poco después de llegar a Vitoria y pude centrarme en lo verdaderamente importante ese sábado: el baloncesto. Recuerdo que yo y mis familiares nos sentamos prácticamente en los gallineros del Buesa Arena, un pabellón siempre imponente.

El ambiente fue inmejorable, como estoy seguro de que también lo fue el encuentro, cuyo resultado quedó borrado de mi memoria poco después de la bocina final. Era la época de los Scola, Nocioni, Bennett y compañía, singladura que los buenos aficionados del Baskonia recordarán con mucha nostalgia y cariño.

Mis mejores vivencias ese sábado llegaron a la conclusión del partido. Nunca olvidaré el momento en el que una de mis tías logró que nos acercáramos hasta el mítico Epi para saludarle. Obviamente, yo no tenía ni la más remota idea de quién narices era ese tipo tan alto al que tuve delante por un corto espacio de tiempo.

Es más: su nombre me sonaba más a personaje de “Barrio Sésamo” que a otra cosa. Canal Plus era la televisión oficial de la ACB en aquellos tiempos, con Sixto Miguel Serrano y el idolatrado ’15’ del Barça como caras visibles. Como bien supe años después, cualquier tiempo pasado fue mejor.

Tampoco conocía a los jugadores del Baskonia, aunque algunos de ellos me firmaron un póster o algo parecido poco después de mi encuentro con Epi. Entonces no fui consciente de los dos grandes momentazos que acababa de vivir; fue la perspectiva del tiempo transcurrido la que otorgó a aquella experiencia baloncestística el inmenso valor que merecía.

He regresado al Buesa Arena en otras ocasiones, pero ninguna de ellas ha tenido el increíble sabor de la primera vez. El baloncesto es una parte muy importante de mi vida y me ha dado muchas alegrías desde que decidí prepararme para ser periodista. Supongo que sin Vitoria y ese partido del Baskonia un sábado invernal de hace once/doce años, nada sería lo mismo.

Por tanto, me parece que es de justicia entonar un merecido y respetuoso GRACIAS. Un pedacito de mi corazón siempre será baskonista.

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